jueves, 8 de junio de 2017

Muerte en Bombay (Marta Campos)

Recitada por Juan Martín Devoto

(Publicada en el último Bueyes Perdidos, Ed. Vórtice)









Muerte en Bombay
(alma aventurera)

Cuando el tiempo se vuelva un pájaro de plata
que anide en el follaje de la eterna Mañana,
me encontrará la muerte levantado y en armas
muriéndome en mi ley, en la ley del pirata
que alcanza duramente el botín de su alma,
o en la del pescador, que gana en la borrasca.
Cuando madure el tiempo un perfume de cedros,
de esencia que se cierra, de cosechado huerto,
orzando mansamente, con Dios a barlovento,
anclaré en la bahía de mi último entrevero…

Me moriré en Bombay, por poner un ejemplo.
En Bombay, Trebisonda, Singapur o Marruecos,
en una tierra exótica de abigarrado suelo
ocre, violeta, rojo. Los campos en barbecho
parecidos a todos los campos que me vieron,
las mujeres veladas poseyendo el secreto
profundo de lo bello, que enamora por eco
más que por voz y canto, y los hombres partiendo
detrás de las lumínicas banderas del Misterio.

Me moriré en Bombay, en alguna comarca
de estrella aventurera, de legendaria data,
donde tenga el misterio tan solemne importancia
que vivir haga a un hombre extranjero en su patria
y morir bien, en cambio, capaz de conquistarla…

Habrá mar, por supuesto, y mar en reverbero,
y gaviotas, y sol, pues será un día entero
de acuchilladas sombras y bruñidos aceros
cruzándose en la nítida perspectiva del cielo.
Habrá una playa blanca y una suerte de templo
con orgullosas torres que supieron de incienso,
de sedas y de oro, de vino y alimentos,
que dormirá en la arena transido de silencio,
ajeno a la batalla como el cuerpo de un muerto.

Me moriré peleando por una buena causa,
si es que Dios lo permite, sin otros camaradas
que un arquero sumerio de prudente mirada
y un furriel austro-húngaro de justicia probada,
y un hidalgo español de lanza siempre casta,
y un sargento de fuerte mandíbula cuadrada
irlandés y jovial, sufrido y cascarrabias.

Y ni ellos ni yo valdremos casi nada
si no amamos a alguien, ni esperamos el alba,
ni salimos fiadores de una tierra sin mancha.
Habrá en el aire denso un tufillo especiero,
un aroma picante mezclado al olor bueno
del pan en la costumbre de algún horno de leña.
Y también, repicando, percutiendo en el viento
la simple nota única capaz de ser sustento,
de conducir al hombre más allá del estruendo,
habrá el rítmico son de un tenaz instrumento.

Habrá, en fin, un olivo verdegris, evangélico,
y la bíblica imagen de una fuente y un ciervo,
y el destello fugaz de algún tigre en acecho…
Me moriré en Bombay, en Jabalpur o en Haifa
después de haber andado arriesgando la traza
por regiones de niebla, espectros de la nada,
por yermos pedregales donde la sed abrasa.

Llegaré triunfador, custodiando la gracia
de una princesa frágil, al mal arrebatada
en el vicioso enjambre de selvas milenarias
donde  crecen orquídeas de belleza malsana…
Darán la bienvenida jubilosas guirnaldas
en las calles de piedra, desde un techo a otro techo,
y será emocionante ver que el ignoto puerto
se asemeja a una tarde de domingo en mi pueblo,
con fuegos de artificio, cañones, granaderos,
y hasta con una banda de vientos, según creo,
pues mi fiesta (aunque extraña) será una fiesta en pleno.

Y habrá un perro lanudo que podría ser mi perro
y un ágora de gatos, como en el Coliseo,
y un círculo de niños poniendo ronda al cuento
de un viejito muy sabio que podría ser mi abuelo
si la barba brahmánica, y el turbante tan negro,
y las manos oscuras no lo hicieran diverso.
Y el viejo arrullará, con una voz de ensueño:
“Érase que se era un fabuloso Reino…”
Y la dulce nostalgia de estas pocas palabras
se hará grito y urgencia adentro de mi alma.
Tomaré a mi princesa, apenas rescatada.
La llevaré al estrado, en medio de la plaza,
y la daré a su Padre, que tendrá real estampa
y proverbial bondad, y me dirá: ”Descansa
a mi lado, guerrero”, y empezará la danza.

Cuando madure el tiempo un perfume de cedros,
de esencia que se cierra, de cosechado huerto,
moriré como mueren los buenos bucaneros:
dejándose abordar cuando llega el momento,
declinando el honor de los ojos y el recio
galardón de la luz por un más alto premio.
Cuando el tiempo se vuelva un pájaro de plata
que anide en el follaje de la eterna Mañana,
me dejaré amarrar, como quien llega a casa.

Marta Campos

domingo, 2 de abril de 2017

Reblog

A un Subteniente que Volvió de Malvinas

Fue al combate sin la gloria de antaño,
Y peleó, sí, peleó como un valiente,
Hay huellas de batallas en su frente,
Que no borran el paso de los años.

No hubo palmas a su vuelta, silente,
Lo ignoró la nación envilecida,
La misma que pidió su propia vida,
Le volvía la espalda, impenitente.

Él, que abatió los pájaros de acero
Al mando de sus fieles tiradores.
Salió a cazar dragones voladores
Y al propio miedo con ojo certero.

Postrer infante, el último, el más fiero
En empuñar la espada con justicia,
Y con él toda la argenta milicia,
Ejército de andantes caballeros.

“Tu causa y tu pelea eran primicias,
Ofrenda que trasciende la derrota,
Sacrificio por una Patria rota,
sumergida en bajezas y malicia.

No pierdas la esperanza, compatriota,
Aférrate a los pocos camaradas,
Piensa que, de espoleta retardada, 
Puede ser esa gesta hogaño ignota.

Que tu herencia no caerá en la nada,
Ni ha caído, mira todos tus hijos,
Mira a Aquél, clavado en el Crucifijo,
Y sabrás que la guerra está ganada.

Que la gloria, como nos lo predijo,
La tendremos a las puertas del cielo,
Y detrás de los sabios, ya sin velos,
Alzarán los guerreros su cortijo.”

martes, 21 de marzo de 2017

Soneto



Hay un soneto suelto y es esquivo
como eran cuando joven las gacelas
que huían a mi paso y en derribo
el corazón dejaban y en estelas,

sin huellas al andar esto que escribo,
me acecha en soledad de duermevelas.
Despierto tras su sombra y me desvivo
pero es pintar la noche en acuarelas.

Palpita tras de mí, se desvanece,
como  un gnomo invisible en la espesura
de un bosque susurrando su leyenda.

Lo miro y al mirar desaparece,
Deja un rastro, conduce a la locura
y te aparta mil trancos de la senda.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Cerrazón

Toca el nogal en su violín el viento
y el roble le acompaña en contrabajos
¿quién tocará en el aire de tu adviento
si no han visto la luz estos mis gajos?

Un espinar de venas que caliento,
follaje denso, asiento de unos grajos,
te oyen silbar afuera mas no siento
sangre manando en grietas de mis tajos.

Va por la noche, sopla donde quiere,
sin agitar el agua en mi caverna,
y un quejido de rocas que zahiere.

Entumecido frío en el que iverna
un animal del monte que prefiere
un manto de telar de nieve eterna.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Pacto

Job 31 Continuación de los lamentos de Job*
“Había ya hecho pacto con mis ojos de no mirar a doncella.

* San Crisóstomo comenta este primer versículo,
 diciendo que Job, aunque no conocía la doctrina evangélica,
 la guardaba exactamente (véase Mateo 5, 28). Por lo demás,
 el cuadro de las virtudes que en este capítulo
se presenta corresponde a los conceptos religiosos
 de los Patriarcas. (Sagrada Biblia - Straubinger)



"Un pacto con mis ojos, a doncella
no he de mirar jamás”, dijo el patriarca,
porque sin par, su Dama, la más bella,
la más sublime flor de la Comarca


robó su voluntad y sin querella
De sus alturas le imprimió su marca.
Sus lumbreras prendáronse de Ella
y el sí prestaron a quien todo abarca.


No fue tu trato, Job, no fue tu sello, 
fue la Sabiduría, que encarnada,
eternizando el tiempo te hizo sabio.

Yo no sé mucho, Job, ve que me estrello,
enséñame, cansado está mi labio
de hablarle al ojo y por respuesta nada.

jueves, 13 de octubre de 2016

Dragones

Hace unos días leía sobre dragones esto.
Y de allí salió esto otro.
Otro día, quizás, habría que decir algo sobre los dragones amarillos.



De hierro hay un dragón de vientre negro,
Imagen del señor de los dragones,
Guarda la coima, el vuelto y el reintegro
Y es objeto de culto de ladrones.

De fuego hay un dragón y es rojinegro
Mentor de adoradores de Mamones,
De ver aquel dragón casi me alegro
A este otro no lo quiero ni en canciones.

El hierro pide fuego y fue con fuego
Forjada la estrambótica escultura,
Más pronto vendrá un día en que tan luego

Se fundirán en una criatura,
Prendiendo a los inicuos en su juego
En incendio infernal que siempre dura.