martes, 31 de julio de 2012

Carreteando IV

Carreteando IV

El muerto no estaba muerto, Señor.
Arrio sólo fue herido, refutado,
de Atanasio y Gregorio, el loor,
más de mil años ha, y ha despertado.

Hereje viejo, saliste volvedor,
tu testuz asomó con la reforma,
desempolvando aquel funesto error.
La misma esencia con distinta forma.

Hoy te descubro en el humanitario,
en el progreso y en la democracia,
en el filantropismo solidario
y arrebujado por la tecnocracia.

Aguas muertas de la psicología,
contemplación soez del propio ombligo.
Pálido verde de la ecología.
Invierno lujurioso sin abrigo.

Remolino del yo tirando al centro
de ti mismo, tragando el ancho mundo,
de vivir tanto tornas en espectro,
espejo cóncavo de lo infecundo.

Es que aprendió tu artero corazón,
a no atacar de frente, con honor,
a no pender en alto tu blasón,
arte macabro del engañador.

Estratagema de último recurso,
ignora y miente, sin confrontación,
sabe que pierde con su antiguo curso
y nos escribe un cuento de ficción.

Para vender papeles de colores,
a tanto miope, incauto y distraído
empecinados en gozar las flores,
en recostarse al hombro del olvido.

Que otra cosa sino cielo en la tierra
pregonan tus apóstoles vendidos.
Sonrisa falsa con dientes de guerra,
halo de muerte en su vientre escondido.

Si Cristo no fue Dios, todo es en vano,
no hallarás paz, progreso, ni camino,
no encontrarás en el costado humano
consuelo que reemplace lo divino.

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