martes, 31 de julio de 2012

Contra Poroto

Contra Poroto

Poroto, charlatán, hermano mío,
que te engríes, injurias, mientes y nos engañas,
no te metas con el grano,
no te metas con el grano,
Quiera Dios que tus pecados encuentren al fin perdón,
mira tu vino y piensa, no te dejes embotar.
En el whisky del que abjuras está también la cristiandad,
de mártires, borrachos, luchadores, tercos,
valientes, locos, desprendidos, visionarios.
En el vaso de whisky está su espíritu, que debiera ser tu espíritu.
En el vaso de whisky está la gloria de un pueblo de Dios.
Recuerda a Irlanda, rememora la derrota del Boyne, los muertos por Orange.
Insignia verde en alto murieron por católicos, y fueron salvajemente perseguidos,
con whisky, tambaleantes, aplacaron su sed.
Con un vaso en la mano, cayeron; por barricada, un tonel,
Y Dios que es todopoderoso, les donó whisky a granel.
El whisky no es de tierras dispares, no es cosmopolita.
Sólo nace en las tierras sagradas de la Escocia y la Irlanda bendita.
Se nutre de la vida de la tierra, el agua, agua preñada por el humus.
Requiere añejamiento. Más antiguo mejor.
Cubas de roble, aire de montaña, malta cuidada, ahumada por la turba.
Este elixir no acepta paladares de novatos.
Orgulloso, exhibe su linaje y tradición,
Transmitiendo su secreto por generaciones, tesoro guardado como un dogma de fe.
¡Misterio velado tras los muros de piedra!
No nace, no, de un día para el otro.
Exige sabias manos pacientes y una dulce espera, espera confiada.
Maduración al fuego lento de los años, caricias de madera.
Fue introducido por monjes misioneros, lo cuenta la leyenda,
-monjes católicos, del siglo sexto, Poroto, no eran herejes-
El Evangelio se esparció con los barriles,
“Uisce Beatha”, Poroto, “Agua de Vida”, le decían.
Curaba y embriagaba, como los milagros.
Fue de esos frailes ángel custodio, muleta espiritual,
restañador de heridas, enemigo del mal.
Hermano engañador, levanta el vaso, allá donde estés, mira mi whisky
y escupe tus palabras, te hará bien, abreviará tu purgatorio.
Y si no lo haces,
por días, por años, será tu penitencia,
por haber ignorado la decencia,
por haber injuriado a los hermanos.
Desgraciado pecador, levanta el vaso, que tiraste y te trajo la deshonra,
elévalo bien alto, no lo escondas, puedes tirar la coca cola.
Mira tus versos, reflujos judaizantes, que no toleran más que al vino,
cual pueblo de dura cerviz, insensatos, se creen los elegidos,
ignorando el acebuche del olivo.

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