martes, 31 de julio de 2012

La Cocina de los Peones

La Cocina de los Peones (*)

Duele verte, hoy, Matera,
bajo tu techo, el olvido
se ha sentao, muy comedido
consigo mismo a matear,
se ha callado el platicar
de los peones que se han ido.

Un llanto lerdo derramas
que se vierte a los galpones,
le hacen coro unos gorriones
desde la caballeriza,
por los silos, una brisa,
esparce tus lagrimones.

Detiene tu lloro un yunque
oxidado en la herrería,
donde el herrero blandía
hierros rojos como ascuas,
no brilla ya más la fragua
si hasta parece herejía.

Y aun al gringo tractorista
se extraña a más no poder,
con su armado por prender
y su rústica apariencia,
su infatigable paciencia
en monótono quehacer.

Se que aviva tu desgracia,
ver la manga sin su gente,
sin las manadas ingentes
de “aberdinangus” oscuros,
la pucha, era un canto puro,
tanto mugir permanente.

En riachos por la loma
decanta tu pena al campo
añorando aquel encanto
que te hacía el peón campero
recorriendo los potreros,
ah!, caricias de su tranco.

Yo sé que por ellos gimes,
por los hombres que hoy no están,
eran tu sangre y tu pan,
las delicias de tus ojos,
mimarlos era tu antojo,
de tu vida eran la sal.

Largarlos de mañanita
entibiados por el fuego
era tu gozo y tu juego,
con sus chanzas te pagaban,
mientras vos les calentabas
el mate del día nuevo.

Desde lejos los mirabas
juntarse bajo el galpón,
aguardando que el patrón
dirigiera la jornada
con órdenes estudiadas
en libros y tradición.

Para a las doce volver
a brindarte compañía,
a llenarte de alegría,
con los cuentos cotidianos,
casi lloro yo, paisano,
al recordar esos días.

Y lo que más te gustaba,
tendida la noche el velo,
darles descanso y consuelo,
con puchero y un buen tinto,
mientras el peón por instinto,
volaba hacia sus anhelos.

Cuando el silencio cubría
todo el casco de la estancia
y tras tus paredes rancias,
escondidos en el humo,
libando de la uva el zumo
conversaban con prestancia.

Viejos cuentos de reseros,
entonces aparecían,
y los mozos que atendían
los labios del más anciano
recibiendo de su mano
leyendas que se morían.

Y sin profanar tu esencia,
ni tomarlo como un hito,
albergabas señoritos
que de a poco te entendían,
en tanto a la par bebían
respetuosos de tu rito.

En el vientre de tu aljibe
se guardan esas historias,
que haya perdido su noria
no es óbice y tu lo sabes,
en el fondo de su nave
reverbera la memoria.

Lloremos, matera, juntos
pues alguien, como un ladrón,
ha robado esta canción
que vio escrita en tus ladrillos
y en homenaje sencillo,
llora solo en tu fogón.

(*) Corrección fraternal acertadísima, que obliga amodificar el título y a este excursus:

No te llamabas "Matera"
que eso es de otras regiones
"La cocina de los peones"
era tu don de bautismo
nos agarró el modernismo
y nos dejó hechos jirones

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