martes, 31 de julio de 2012

La Plata

La Plata

La plata todo lo endulza,
la plata todo lo amarga,
la cruz de la culpa embarga
y aliviana la conciencia,
hasta la más noble herencia
se carga con su descarga.

Formidable contrapeso,
par de zapatos de plomo,
por ella se dobla el lomo
aguardando recompensa
que al espíritu condensa
con estatura de gnomo.

Encierra todos los bienes,
sólo una simple moneda
y como un lazo de seda
se enrosca al cuello del hombre,
viniendo en su propio nombre
cuerpo y alma los enreda.

No es tan fácil de advertir,
planea con sutileza
susurrando a las cabezas
sofisticados sofismas
que llevan al pobre al cisma
demoliendo las certezas.

El discurso se retuerce
de la boca para afuera
y creyéndose sincera
la reflexión se desbanda,
el corazón a dos bandas
se convierte en una fiera.

Y como un tigre cebado
ya no sigue el natural
instinto que de animal
de arriba le fue insuflado,
desolando los poblados
esparce a su paso el mal.

La más temible enemiga,
con pericia guerillera,
tendiendo trampas arteras
y sólida propaganda,
digo que a este mundo manda
hasta el tiempo de la higuera.

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