martes, 31 de julio de 2012

La Religión del Hombre

La Religión del Hombre.

Parece complejo un problema que acucia
a todos los hombres, lo sepan o no.
Si dentro de uno está Dios o es muy sucia
doctrina que entiende que todo soy Yo.

Hoy día sostienen algunos que adentro
del hombre se encuentra su felicidad,
su goce, su cielo, su amor y su centro,
su templo, liturgia y la vera deidad.

Y puede ser cierto más hacen trampita
porque dentro de ellos no quieren vaciar
sus gustos, pasiones, apegos y cuitas,
a nada del mundo quieren renunciar.

Y entonces, ¿qué ensayan?, tan sólo barnizan
sus carnes y amores, sus egos y afanes
y quieras que no, vivos se canonizan
llamándose dioses mas sólo son manes

Por eso recortan todo el Evangelio
siguen en el mundo, no fueron quitados
por eso no piden defensa “ in praelio”
e insisten que el mundo ya ha sido salvado.

Por eso tampoco quieren penitencia,
no tienen noción ni conciencia de culpa
si tienen a un dios en su concupiscencia
que ha puesto morada tan luego en su pulpa.

Cómo no entender entonces si en la misa
ensalzan sus roles bailando y cantando,
al hombre celebran, aplausos y risas,
se besan y abrazan, se van hermanando.

Son buenos, dirán, tiernos y blanditos,
se ocupan del pobre, les dan de comer,
los calzan, los visten como corderitos
mas no les enseñan la Fe en que creer.

De qué sirve al hombre rescatar su cuerpo
si su alma se apega a las cosas sensibles,
ambos dos comida serán de los cuervos,
cuervos que se ven y cuervos invisibles.

Y así sin cimientos la cosa no aguanta,
todo mandamiento resulta muy duro,
todo matrimonio de veras espanta,
todo acto viril es de tiempos oscuros.

No tienen apuro en la vuelta de Cristo,
a qué aguar la fiesta con un fiero juicio,
-Si Jesús ha vuelto, con El yo coexisto-,
repiten urdiendo falsos artificios.

“Si quieres seguirme renuncia a ti mismo”
“Si el mundo os odia sabed que primero,
a Mí ha aborrecido con fiero cinismo”.
Pero ellos prefieren un dios pastelero.

Y así falsifican algo que en el fondo,
pudiera de veras ser una verdad,
que Dios puede estar en mi yo, en lo más hondo,
pero eso requiere a mi yo mortandad.

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