martes, 31 de julio de 2012

Libres

Libres

-Veda total-, me espetó
un mozo cara de escuerzo,
del boliche en el que almuerzo
donde casi a diario fumo.
Ante el odio contra el humo,
sólo me quedan los versos.

-Lo lamento, no se puede-
(de tardecita en el bar),
-y no se gaste en buscar,
un lugar donde se pueda
agradezca que le queda
la acera para fumar.-

-pero mire-, contesté
-El whisky y faso van juntos
Y aunque me haga difunto,
de a poco, como me cuentan,
ustedes sin una cuenta,
se van a quedar, y punto.-

-Están libres la ciudad,
el país y las provincias-
me atoré con la primicia,
de una muerte ya anunciada
menudo sabor a nada
con un dejo de estulticia.

Paradojas del azar,
el volcán con su insolencia
al ganar la ley vigencia
todito el pais entero
ha trocado en cenicero
y nos fuma con vehemencia.

Paradojas liberales,
de ideas humanitarias,
¡cuánto más totalitarias,
son las leyes que hay hoy día!,
las de antes no nos prohibían,
nuestras mañas solitarias.

No las doy de ecologista,
más viendo las chimeneas
fabriles de mil raleas
lo pregunto así, sencillo
¿Cómo cuántos cigarrillos
quemarán en sus tareas?

Un incendio forestal
de esos que estan tan en boga,
cartones de Saratoga
para llegar hasta Marte
volver y el culo quemarte
alcanza y le suebra soga.

Cientos de miles de coches
fumando gases mortales,
ni todos los Imparciales
en la historia consumidos,
empardan el producido
de los motores letales.

No me salgan con el prójimo,
ni con mi propia salud,
si pa’ fumar con vermut,
ya nos habían arriado,
a lugares apartados,
lejos de la pulcritud.

En cuanto a mi yo respecta,
mi cuerpo, mi integridad,
con maléfica bondad
me suplen la inteligencia
eliminan mi conciencia
y usurpan mi voluntad.

Dicen que miles de bares,
cerraron en la Inglaterra,
y no por ninguna guerra,
sino por prohibir el pucho,
donde se juntaban muchos,
no se juntan ni las perras.

Y ese pueblo tabernario,
perdió así de una volteada
una costumbre acendrada,
corazón de la nación
no se escucha una canción,
ni se conversa, ni nada.

Y sospecho yo, paisano,
que acá va a pasar lo mismo,
en un insano mutismo,
quedará toda Argentina,
si no humean las cantinas;
condenados a ostracismo.

En tren de filosofar
dicen que el cuerpo es sagrado,
que está a cargo del Estado,
que es función de sanidad,
en tanto dan libertad
para matar lo engendrado

en el vientre de la madre,
y por qué no a los abuelos,
darles por todo consuelo,
una partida pacífica
malaya, que ley magnífica,
A lo justo ni lo huelo

De la lógica no hay huellas
en el fango liberal
se permite todo mal
y lo bueno está prohibido,
entiéndanme mal paridos,
que existe lo espiritual.

Le voy a dar un problema
a resolver al Congreso
lo que mata es el progreso,
calculen por accidentes
las cantidades de gentes
que se mueren sin un rezo.

Prohiban toda mecánica,
que no quede ni un camión
que no se caiga un avión
volvamos a las carretas
montemos la bicicleta
que no muera ni un gorrión.

Hallando contradicciones
si lo que cuenta es la vida,
comprobado está que el sida,
lo esparcen los maricones,
prohíbanles sus uniones,
y una muerte envilecida.

Está visto hasta el hartazgo
somos perros aulladores,
incluso los fumadores
que ladran pero no muerden,
no hay muchos que no concuerden
con nuestros legisladores.

Será la presión mediática,
será el miedo al que dirán.
Lo cierto es que todos van
con poco y nada de crítica,
correción fina y política,
a fumar en el zaguán.

Por mi parte una bandera
han logrado que plantara
hasta donde de la cara
seguiré prendiendo rubios
si no cambio por más turbios,
con suerte alguno se ahumara.

Si plugue a Dios el incienso
y Él los montes hace humear
yo no he de escamotear
tampoco las humaredas
pa’ fumar en la vereda
me quedo en casa a fumar.

Enfocándonos en bares
un rencor malsano intuyo,
los que no fuman son yuyos
que no son de esos lugares,
¿Qué motivos viscerales
tendrán en lo que no es suyo?

Parece pura maldad,
perseguir por perseguir,
si hasta el que suele salir,
y no fuma, por un trago,
pita por sólo el halago,
del humo y su devenir.

Parece cosa e’ Mandinga,
tanteándonos el corrión,
me dice un viejo sabión,
nos apretan bien atentos,
a modo de experimento,
por pura dominación.

Si quisieran solo aire
nos darían un refugio,
más con malos subterfugios
no nos dan ni una letrina,
por eso malicio inquina
y que todo es artilugio.

Se hace largo esto mi amigo,
se termina la jornada,
con la garganta oxidada,
ni un boliche al que caer,
con amigos a beber,
y a pegar unas pitadas.

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