martes, 31 de julio de 2012

Oficina

Oficina

Cuán lentas pasan las horas de oficina,
cómo se estancan las aguas de mi tedio,
cómo pesa la corbata sibilina,
cómo acosan los papeles en asedio.

Papeles grises borrachos de palabras
desertoras de su fin porque prefieren
perder su esencia en la danza más macabra
bailando al ritmo del oro que las hiere.

Vidrio y metal, edificios que respiran
resoplidos agitados y enojosos,
una maraña de cables que se estiran
y mil ventanas cerradas con cerrojos

que esconden almas atadas a un teclado
y allí se quedan por siempre encadenadas
y unos cuerpos con el corazón helado
vienen y van del trabajo a sus moradas.

Sin saberlo lloran los hombres su exilio,
aturdidos por los ruidos del submundo.
Cada tanto alguien despierta y pide auxilio
desde allí donde son siglos los segundos.

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