martes, 31 de julio de 2012

Sed

Sed

Un manantial eterno de perdón
dispones ante mí, para que beba
mas pones una sola condición
que te suplique por esa agua nueva.

Se Señor que mi sed es sed impura
y que anhela bebidas perniciosas,
que ha libado en tabernas de amargura,
que a tu fuente ha ignorado desdeñosa.

Digno soy por mi estado de doblez,
ay!, de ser arrojado en el desierto
a una muerte preñada de memez,
por haber desoído tus asertos.

Sin embargo te vuelves hacia el hombre
imprimiendo a su sed tu claridad,
haciéndole saber que entre tus Nombres
relampaguea la suma Bondad.

No computes, Señor, mi sed inicua,
ni mis largas borracheras de antaño,
no me enrostres mis faltas más conspicuas
ni el haberme salido del rebaño.

Haz sonar el murmullo de tu cauce,
que resuene en arrullo musical,
e inclinadas, mis ramas como un sauce,
se embriaguen con tu copa celestial.

Planta en mí tal sed que de tus aguas
no se canse y sean su único deseo,
que me dirija en la pendiente ardua,
como el hilo conductor guió a Teseo.

Y vendrán, a tus pies, los afligidos,
tras mi rastro a beber de tu cascada,
estupor de borracho corregido
extasiado de ver la madrugada.

Rescátame del yermo desolado
ven a mí, “Acqua Viva” de la piedra
riégame con el Agua del Costado
y subiré por Ti como la hiedra.

Vengo solo, Señor, vengo desnudo,
no te traigo otra cosa que mi sed.
Me presento ante Ti como aquel mudo,
con saliva confírmame en la fe.

Mi ofrenda, mi Señor, es la congoja,
un corazón de mucho padecer,
quebradizo y reseco, si lo mojas,
y Tú lo ablandas, volverá a nacer.

Sacia, mi Dios, la sed del ancho mundo,
a todo el orbe dale de beber
y entonces sí, como frutos fecundos,
aceptarás primicias en tu haber.

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