miércoles, 31 de octubre de 2012

A un amigo de mis amigos


Ayer oí tu voz y las historias
De todos tus amigos se encendieron
Delante de mis ojos con la vida
Que ponías en ellos y hoy perdieron.
Ayer oí tu voz y la memoria
De tus amigos se hizo parecida
A pena conocida
De amigo por amigo.
Fruto de amor mendigo
Que de la gran limosna da migajas
Como un rumor de bombos y de cajas
Viajando por el aire en eco tibio.
Guitarra que desgaja
El hielo de los pechos con su alivio.

Y en tus cantos, tus risas y tus pullas
Se me hicieron de pronto carne viva,
comprendí que en el fondo, tus amigos,
a tu muerte arrancaron la cautiva
alegría infantil que hicieron suya.
Sí, ya sé, no fue igual, no están contigo,
Sienten el desabrigo,
y quisieran volar,
detrás de ti emigrar
al país de velada evanescencia
para estar otra vez en tu presencia
escuchando tu voz transfigurada
sin nunca más tu ausencia,
entre vinos y eterna guitarreada.


Yo ví todo tu amor, el desapego,
El  inconsciente olvido de ti mismo
En una bella carta reflejados,
Tus consuelos, tu fe, tu patriotismo,
La ignorancia no sabida de tu ego,
Conocida por los atribulados
Que tomaban prestado
Tu aliento sin saberlo.
Subiste a conocerlo,
A Aquél que antes de ti la vida puso
Pues debías saber, del cielo es uso,
Llevarse más temprano al inocente
Y parece inconcluso,
Tu tránsito, no vemos claramente.

Este canto es un canto de amistad,
Porque ví a tus amigos que lloraban,
Y son míos, también, tarde llegué,
Pero estabas cuando ellos me contaban,
Y escuchando tu voz se hizo verdad
Esa gracia que tiene un no se qué,
Cosas que no busqué,
Y me fueron llegando,
Amor de contrabando.
La alegría de aquéllos será mía,
Cuando afinen guitarras y sonrían,
Y un Ángel dándonos whisky en vasijas,
Muy borrachos, verán, será un gran día:
Verlos juntos cantando con Manija.








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