viernes, 28 de diciembre de 2012

A Thanksgiving


Vamos cerrando el año con poesía en serio. Tomada de Newmaniana



 A THANKSGIVING

“Thou in faithfulness hast afflicted me”.

Lord, in the dust Thy sovereign voice
First quicken’d love divine;
I am all Thine, -Thy care and choice,
My very praise is Thine.

I praise Thee, while Thy providence
In childhood frail I trace,
For blessings given, ere dawning sense
Could seek or scan Thy grace;

Blessings in boyhood’s marvelling hour,
Bright dreams, and fancyings strange;
Blessings, when reason’s awful power
Gave thought a bolder range;

Blessings of friends, which to my door
Unask’d, unhoped, have come;
And choicer still, a countless store
Of eager smiles at home.

Yet, Lord, in memory’s fondest place
I shrine those seasons sad,
When, looking up, I saw Thy face
In kind austereness clad.

I would not miss one sigh or tear,
Heart-pang, or throbbing brow;
Sweet was the chastisement severe,
And sweet its memory now.

Yes! Let the fragrant scars abide,
Love-tokens in Thy stead,
Faint shadows of the spear-pierced side
And thorn-encompass’d head.

And such Thy tender force be still,
When self would swerve or stray,
Shaping to truth the froward will
Along Thy narrow way.

Deny me wealth; far, far remove
The lure of power or name;
Hope thrives in straits, in weakness love,
And faith in this world’s shame.

OXFORD. Octubre 20, 1829.




ACCIÓN DE GRACIAS

“En tu fidelidad me afligiste” (Sal.118, 75)


Ya Señor en el polvo tu voz soberana
Me urgió primera al amor divino.
Soy todo tuyo, tu elección y tu desvelo,
Y tuya es mi alabanza misma.

Y te alabo, Señor, mientras rastreo
Tu Providencia en la niñez endeble.
Y por aquellas mercedes concedidas
Aun antes de que el juicio amanecido
Fuera capaz de escudriñar tu Gracia.

Y esas mercedes en la mocedad admirada,
Sueños brillantes, e imaginar extraño;
Y mercedes cuando aquel poder terrible
De la razón lograba ya un alcance
Más atrevido para el pensamiento.

Y mercedes los amigos, que a mi puerta
Llegaron sin pedirlos ni soñarlos;
Más escogido aun, aquel raudal en casa
De incontables sonrisas anhelantes.

Pero Señor, en el rincón más íntimo
De la memoria venero esos momentos
Tristes cuando al alzar mis ojos
Tu faz se revestía de mansa austeridad.

No perdería un suspiro ni una lágrima,
Una congoja ni un latir de sienes;
La pena severa era ya dulce,
Y dulce es ahora su recuerdo.

Sí! Que las fragantes cicatrices queden
Como prendas de tu amor:
Las tenues sombras del costado herido
Por la lanza, y la cabeza
Circundada de espinas.

Que obre así también hoy tu suave fuerza
Cada vez que me aparte o me desvíe,
Reduciendo a la verdad el querer díscolo
A lo largo de tu sendero angosto.

Niégame la riqueza; aparta lejos
El cebo del poder y nombradía.
La esperanza se afirma en estrecheces,
El amor en lo débil,
Y la fe en la ignominia de este mundo.

Traducción: Jorge Ferro

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