miércoles, 19 de diciembre de 2012

Marita Verón

Interrumpo la decadencia poética para replicar un artículo de un blog amigo. Vale la pena.

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La reacción unánime de oficialismo y oposición, de medios oficialistas y medios pseudo-opositores, de juristas, políticos, intelectuales, periodistas… y obispos, de asociaciones de todo pelaje, frente a la sentencia dictada por la Sala II de la Cámara Penal de Tucumán en el juicio por el secuestro y desaparición de Marita Verón, es realmente sintomática de la decadencia argentina. Más, mucho más sintomática, que los crímenes nefandos que esa misma reacción dice repudiar. Porque son estos mismos escandalizados los que han llevado a la Argentina a este estado de postración sin precedentes. A este estado que ha hecho posible esos crímenes, y que hará posible, si fuera posible, crímenes peores.
No ha de haber peor desgracia que la sufrida por la Sra. Trimarco. Que de su hija, pobre, poco sabemos. Y por eso no quiero hablar de ellas. Ni del drama que generó toda esta hipócrita reacción.
Quiero hablar de esa reacción.
Porque, ¿cree en serio la Sra. Trimarco que todos los comunicados, muestras de “solidaridad”, mensajes de apoyo, de todos estos mercaderes de la desgracia y de los desgraciados, son sinceros?
¿En serio puede creerle a la Presidente, cuando desde la “izquierda”, le dice, como le viene diciendo al país entero desde hace años “Susana: no sé cómo podés aguantar tanto. Contá conmigo…”. Le faltó agregar, “que no te voy a defraudar”. Y la verdad, Cris, es que no se puede aguantar tanto. Esto no se aguanta más.
¿O a Mauricio, cuando desde la “derecha” twitea (sin tener idea de los fundamentos del fallo) “Indignado con el fallo”, para agregar (sin tener idea de nada): “Vamos a seguir acompañando a Susana en su reclamo de justicia y para saber dónde está Marita”. Yo, si fuera él, me preguntaría dónde va a estar Mauricio cuando ya no esté Mauricio.
¿O a Gil Lavedra (el impoluto justiciero de las Juntas Militares) cuando –quién sabe desde dónde– dice “¡Estoy indignado! Todos absueltos en Marita Verón… JUSTICIA CARAJO”. Está claro, Ricardo, cómo razonaste cuando fallaste en aquel fallo. Y cómo fallaste (en todo sentido).
¿O a María Rachid, cuando desde su propia decadencia se asombra de la decadencia de la Justicia Argentina? ¿Dónde aprendió María (o Mario, para no discriminar) qué quiere decir Justicia? ¿Y cómo de una sentencia de un tribunal tucumano, cuyos fundamentos no se conocen, se salta a la “corporación judicial”? Claro que si alguien debiera defender a la “corporación judicial”, es María Rachid, a favor de cuyas demandas contranatura tanto ha hecho. No seré yo quien lo haga.
¿O, de nuevo por derecha, a Claudia Rucci, a quien le parece vergonzoso el fallo, igual que a Maria Eugenia Vidal, que también se avergüenza y le dice “Todos estamos con ustedes”... ¿No les da vergüenza?, digo yo.
¿O a Randazzo, quien (como las anteriores, y como el gobierno porteño –demasiado porteño–, y como la UCR (una caduca realidad) y como Pino Solanas y Alcira Argumendo (qué nombres, Dios mío) se avergüenzan del “criminal veredicto absolutorio” –nueva formulación del in dubio pro reo–, y dice que tenemos una justicia alejada del hombre común y de las realidades, sin darse cuenta de que, gracias al proyecto cultural de cuyo Transporte se ocupa, el que está alejado de la realidad –y del sentido común– es él, y la justicia, y el hombre común.
¿O a Mempo (¿así es el nombre, verdad?, ¿es verdad que es así?) Giardinelli cuando desde Página 12 y toda su verborragia de burgués de centro –que zurdos, lo que se llama zurdos, vamos quedando pocos–, y en un tono pretendidamente escandalizador –que es el tono pretendidamente escandalizador más políticamente correcto que he leído–, declara que “No tienen vergüenza y esta noche en que celebran todos los miles de prostíbulos del país, y todos los proxenetas, y todos los mercaderes de carne humana, y todos los hijos de puta de la trata, y perdóneseme la furia textual, nosotros, los que sí tenemos vergüenza y somos la inmensa mayoría de este país atormentado, por eso puteamos. Por eso LOS puteamos. Con la misma fuerza y convicción con que abrazamos a Susana Trimarco y esperamos un día abrazar a Marita Verón y a todas las Maritas que fueron y seguirán siendo, por desdicha, gracias a estos infames protectores de tratantes de personas”. Ay, Mempo, Mempo, Mempito / ¡qué vergüenza que tenés! / si ni vos te la creés / y todo te importa un pito / si habrás hecho algún manguito / mintiendo con toda calma / para llevarte las palmas / con retórica tan fea / proxeneta de la idea / y mercader de las almas.

Y, como broche de oro, la siempre valiente voz pastoral de los lobos vestidos de oveja. ¡Si por lo menos callaran! Pero siempre hay que estar (estar en el mundo, ser del mundo, y de ninguna otra cosa). Con ese lenguaje firme y varonil tan característico de nuestros pastores, el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Iglesia Católica, Jorge Lozano, dijo que “la corrupción y la complicidad son afinidades crueles que impiden detener estos crímenes”. Cuánta sabiduría, Jorgito, cuánta teología. Y, como demostración de su aristocrática valentía remató: “Abrazo a todas las mamás que, como Susana Trimarco, nos enfrentan con esta injusticia”. Cuántos abrazos, pobres madres. ¡Como no sea el abrazo del Oso!
Curiosamente, en este caso –como en tantos otros– no hay oficialismo ni oposición. No hay grupos clarines, ni hay clarines combativos. No hay prepoteadas contra nadie. Sólo contra los jueces del Tribunal que intervino. A los que dejaron solos. Y esto sea dicho sin abrir juicio ni a favor ni en contra de ellos, de quienes nada sabemos tampoco. Pero tomen nota aquí los que quieran seguir ejerciendo la función judicial. Y cíñanse los lomos.
La razón es sencilla, es la misma razón que en tantos otros casos. Y es que se trata del proyecto cultural en el que coinciden Don Mempo y Clarín, Aliverti y Lanata, Cristina y Mauricio, Gil Lavedra y Oyarbide, Página y Nación, Fernández y Fernández, Moreno y Longobardi, Tinelli y Kovadloff, D’Elía y Claudia Rucci, María Eugenia Vidal y Feinman (los dos –los dos Feinman, digo–), Diana Conti y Gabriela Michetti, el CELS y su Corte (Verbitsky y Zaffaroni… y los demás), Lozano y Rachid, Bergoglio y Bergman, y ¿quién no? (qué corto se quedó Don Enrique Santos con su Cambalache).
Proyecto cultural del cual la pobre Susana Trimarco no es más que un eslabón. Y una víctima, que habrá de ser sacrificada, como parte de ese proyecto, en el altar de la Violencia de Género.
El Emboscado

Agradecemos al Emboscado su inigualable reseña de esta película, como asimismo el anticipo del desenlace. Ya nos pareció oír algo de ruido cuando leímos la columna de Jorge Giles en el diario El Argentino, faro de la nación, del día 12 de diciembre, y su pericia al establecer el vínculo entre estos jueces y los del caso Margarita Belén. “SON LA CRÍA” determinó, evitando inmiscuirse en ningún tipo de explicación o fundamento, y mucho menos en otras conexiones aun más profundas y oscuras: la de estos jueces con los cónsules y cuestores de la Antigua Roma, por ejemplo. Pero –lo sabe todo periodista que se respete– es imposible aclarar sin abreviar.

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