lunes, 25 de febrero de 2013

El Reloj


"Reloj no marques las horas..."

Una cita y unos versos.

“Lo que resulta peculiar sobre esta interposición de los medios  es que su rol de dirigir lo que vamos a ver o conocer raramente es advertido. Una persona que lee un libro o mira televisión u ojea su reloj no está usualmente interesada en cómo su mente es organizada o controlada por estos eventos, y menos aun en qué idea del mundo es sugerida por un libro, la televisión o un reloj. Pero hay hombres y mujeres que se han dado cuenta de estas cosas, especialmente en nuestros días. Lewis Mumford, por ejemplo, ha sido uno de nuestros grandes observadores. No es el tipo de hombre que mira un reloj meramente para ver qué hora es. No es que no le interese el contenido de los relojs, lo cual concierne a todos de momento a momento, sino que está mucho más interesado en cómo un reloj crea la idea de “momento a momento”.

            Mumford centra su atención en la filosofía de los relojs, en los relojes como metáforas, sobre lo cual nuestra educación tiene poco que decir y los fabricantes de relojes nada en absoluto. “El Reloj”, Mumford ha concluido, “es una maquinaria poderosa cuyo producto son los segundos y minutos”. Fabricando tal producto, el reloj tiene el efecto de disociar el tiempo de los eventos humanos y ello conduce a la creencia de un mundo independiente de secuencias mensurables matemáticamente. Momento a momento, salta a la vista, no es la concepción de Dios, ni de la naturaleza. Es el hombre conversando consigo mismo sobre y a través de una máquina creada por él.

            En el gran libro de Mumford, Técnica y Civilización, muestra cómo, comenzando en el siglo XIV, el reloj nos convierte en responsables del tiempo, luego en conservadores del tiempo y hoy en día en servidores del tiempo.

            En dicho proceso, hemos aprendido a profesar irreverencia hacia el sol y las estaciones. En un mundo hecho de segundos y minutos, la autoridad de la naturaleza es superada. Ciertamente, como Mumford señala, con la invención del reloj, la eternidad cesó en su rol de medida y foco de los eventos humanos. Y por ello, aun cuando pocos hayan podido imaginar la conexión, el inexorable tic  tac de un reloj quizás haya tenido más que ver con el debilitamiento de la supremacía de Dios que todos los tratados producidos por los filósofos del iluminismo; lo que es decir, que el reloj introdujo una nueva forma de conversación entre el hombre y Dios, en la cual Dios aparece como el perdedor. Quizás Moisés debió haber incluido otro mandamiento adicional: No harás representaciones mecánicas del tiempo.” (Neil Postman, Amusing ourselves to death)



El Reloj

Eres carcasa, materia putrefacta,
Y sin embargo, soberbio, te levantas
Tu red arrojas al tiempo que se espanta
Sólo te quedan las horas, las escamas,
¿No vez que yacen muertas? ¿no ves que no aman?
¿Cómo quieres atrapar lo que es huida?
Te arrastrará tu condena repetida
Y no vendrá a despertarte la mañana.

Eres ladrón de las cosas inrobables,
Quieres birlar de las Manos Increadas
Los anillos que no son sin ellas nada;
Mas, burlón, te jactarás ante las gentes
De tu botín irreal como un demente.
Te seguirán los ingenuos, tus secuaces,
una legión de las aves más rapaces
y un mar de esclavos en cadenas dolientes.

Llorará el sol su divorcio con el hombre,
Y su amiga, que es su hermana, enfurecida,
La tierra, por él, no parirá la vida.
Bajará el hijo de Adán otro peldaño,
Los semblantes mostrarán un gesto huraño
Y sus viajes serán ya marcha forzada,
No querrán ver que el ladrón no tiene nada,
No querrán saber tampoco del engaño.

Pero el crimen viene ya con su castigo
Sin que importe no haya sido consumado,
¿o develó el primer hombre lo velado?
Eso que quieres, si lo quieres lo pierdes,
Y las uvas que te encuentres serán verdes.
¿cómo pudiste querer robar el tiempo
Y fraccionarlo para marcar tu tempo?
Ya tu arrogancia temprano el polvo muerde.

No alza en el campo el labriego su cabeza,
Ni lo despierta del alba el estallido,
Mira hacia abajo, buscándote, bandido,
Traicionando su romance con la aurora
En harenes sifilíticos de horas,
Excretando el negro pus de los minutos,
Los microbios de segundos, diminutos,
Van royendo como fieras que devoran.

Y ahora ves ¿o no lo ves? que ha sido en vano
Tu codicia, ahí la tienes, satisfecha,
Sembraste el día de agujas y hoy cosechas
Una cárcel de barrotes lacerantes,
Ya no te mueves, lo impide el cabrestante
Al que te ataste y te lleva donde el quiere.
“El decurso natural ya no interfiere”,
Pues bien por tí, y aprovecha lo restante.

Eres dueño del momento y tus acciones
Ya no están encadenadas a las drizas
De los soles, ni del cosmos que sin prisa
Ajustaban de los pueblos el velamen.
Siento lástima por tí, por el vejamen
Del naufragio, ya se inunda tu sentina,
No te guía ya la estrella matutina,
Eres náufrago con sed que la sal lame.

Te creíste igual a Dios, patrón del siglo,
Detrás de ti se animaron, tras tus huellas,
Viendo que tú interponías la querella
A saquear otros enanos arrogantes,
Enardecidos “tomemos el sobrante,
Por derecho nuestro es, enhorabuena”
Y hay que ver del universo la gran pena
Que hace que lloren hoy día los infantes.

Y ya estás viendo, menuda encrucijada,
Que tu rapiña te está doblando el cuello,
Tu sentencia lleva impresa firma y sello
Y tu muerte tiene la “hora señalada”.








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