viernes, 1 de noviembre de 2013

Llueve

El  agua besa la ciudad maldita
Lavando el polvo de su vil asfalto;
Cambió el celeste por azul cobalto
y un gris lloró sobre ella y fue bendita.

Lavó la lluvia mi testuz contrita,
Borró las grietas de un penar muy alto,
Al hombre viejo conquistó en asalto
Mojando el yermo de su faz marchita.

Lavó mis pies, mis manos y mi pelo,
Cayó feliz sobre esta ruina mía;
Los ojos evocaron las ventanas

Y allí quedaron en prisión de un cielo
Que vuelto líquido en unción caía.
Y fue nostalgia y gozo la mañana.

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